viernes, 30 de septiembre de 2016

Malvinas: respetar la Constitución

Tribuna

Eduardo Menem


Con motivo de la polémica suscitada a raíz del comunicado conjunto emitido por las Cancillerías de Argentina y Gran Bretaña en el que se menciona la cuestión de Malvinas y en mi carácter de autor de la iniciativa del texto constitucional sancionado por la Convención Constituyente de 1994, incluido como cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional, considero oportuno formular las siguientes reflexiones: 1. Si bien el citado comunicado conjunto, por su propia naturaleza, no es vinculante ni genera derechos y obligaciones para las partes, parece conveniente recordar que toda actuación o manifestación oficial de nuestro país en relación a las islas Malvinas deben encuadrarse estrictamente en los términos y alcances de la norma constitucional antes mencionada.
2. En ese sentido cabe recordar que el precepto constitucional, aprobado por aclamación y unanimidad por la Convención Constituyente, ratifica la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre el territorio isleño y los espacios insulares y marítimos correspondientes por ser parte integrante del territorio nacional.
3. Si bien la República Argentina no puede ejercer su legítimo derecho de soberanía sobre esos territorios y mares, porque en el año 1833 las autoridades y habitantes de las islas fueron desalojadas por un acto de fuerza de Gran Bretaña, no podemos tolerar ni admitir ningún tipo de acto o hecho que afecte o desconozca nuestros derechos, porque el citado precepto constitucional también dispone que la recuperación de esa parte de nuestro país, conforme a los principios del derecho internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.
4. El comunicado conjunto es aceptable en cuanto a las intenciones de diálogo y cooperación, pero no lo es para la República Argentina, en la parte que expresa la intención de “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas Malvinas”.
Precisamente lo que mantiene a los británicos en las islas es la explotación de nuestros recursos naturales, principalmente la pesca, razón por la cual, facilitar o cooperar para que lo sigan haciendo es perjudicial para los intereses argentinos y viola la cláusula constitucional ratificatoria de nuestros derechos de soberanía y el objetivo irrenunciable de recuperar esos territorios.
5. En definitiva, la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional ha consagrado, por la aprobación unánime de todas las fuerzas políticas participantes en la Convención Constituyente de 1994, una verdadera política de Estado, que nos obliga a respetarla.
Por la jerarquía del mandato y por la sangre de nuestros soldados enterrados en el territorio patrio usurpado hace 183 años.
Eduardo Menem fue senador nacional y convencional constituyente de 1994.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Pide una política amigable

Malvinas pide una política amigable

Debate
Vicente Palermo



Es posible que Macri, al mentar en Nueva York quiméricas negociaciones sobre soberanía, haya metido la pata. Tratándose de Malvinas, eso está en nuestro historial: la temeridad, y no la prudencia, guian mal a los políticos cuando están delante de un premio al que atribuyen un valor (político y electoral) incalculable. Creen que es como jugarse unos pesos en la adquisición de un billete de lotería. Con todo, este faux pas del Presidente es un asunto muy menor en el marco de la gran iniciativa política en la cuestión, disparada por el comunicado conjunto de los vicecancilleres. Y es un asunto muy menor porque aquella declaración iba en una dirección claramente opuesta a la planteada por el comunicado. Siendo así propongo al lector discutir las perspectivas que abre este comunicado: a mi juicio son excelentes, pero políticamente inciertas.
¿Por qué son excelentes? Por tres razones. La primera es que la recomposición de los vínculos con los británicos es un paso importante en la estrategia de reformulación de la política exterior que viene ensayando de modos muy prometedores el gobierno de Macri. En este terreno, sí, la política oficial ha supuesto un cambio de rumbo de 180 grados en relación al gobierno anterior. Personalmente encuentro este cambio (sobreactuaciones de más, vacilaciones de menos) muy correcto. El mundo de hoy es riesgoso, pero más riesgoso aún es no salir a él, o hacerlo de la mano de socios como el chavismo o el régimen iraní. La Argentina necesita imperiosamente reintegrarse al mundo, redefinir sus vínculos de todo tipo con él, si quiere – ¡por fin! – ingresar en un sendero de prosperidad (no es una panacea, es apenas una condición necesaria). Los nexos con Gran Bretaña han sido de mediocres a malos y enfriar un área caliente de nuestra relación con el mundo, reencauzando los vínculos Argentina – Gran Bretaña es un paso de gran relevancia. Aprovechando, además, la oportunidad marcada por el Brexit.
La segunda razón hace directamente a la cuestión Malvinas. El comunicado bilateral es claro: propone un diálogo para mejorar la cooperación en todos los asuntos del Atlántico Sur de interés recíproco. Al mismo tiempo, coloca el conflicto de soberanía bajo la fórmula de la declaración conjunta de 1989, la conocida fórmula del “paraguas”. Agenda abierta, las posiciones de las partes protegidas y no hay un compromiso de discutir la soberanía. Hay, en cambio, un acuerdo expreso de remover los obstáculos que limitan el desarrollo sustentable de las Malvinas, incluyendo comercio, pesca, hidrocarburos, navegación y comunicaciones aéreas. Así, la Argentina declara su intención de colocar en un margen la cuestión soberanía, para avanzar en vínculos múltiples de su propio interés, pero también del interés de los isleños. Esto está muy bien; de hecho, desde hace años un reducido grupo de publicistas lo propone por distintos medios. En lugar de obcecarnos en que cualquier entendimiento deba estar supeditado a la cuestión de la soberanía, abrir el ancho abanico de materias de interés común desenvolviendo el área del Atlántico Sur en su conjunto. En lugar de tratar de crear la mayor cantidad de perturbaciones y obstáculos a los isleños, sustituir esta politica destructiva por una política amigable, dejando abierta para un futuro indeterminado la cuestión de soberanía.
La tercera razón se relaciona con lo ya dicho, aunque se coloca en una dimensión diferente: la cultura política. Si hay un cliché malvinero por excelencia es el de que los “kelpers” (calificación inapropiada) tienen intereses pero no deseos. Este artificio absurdo despoja a los malvinenses de una potestad que la Argentina no debería desconocer, en beneficio de sí misma: sacarse de encima el nacionalismo territorialista, según el cual en las Malvinas hay, en el fondo, invasores que no deberían estar. Contemplar el problema, en cambio, en la clave del patriotismo republicano, según la cual nuestra patria es la casa común en la que somos libres porque tenemos y compartimos derechos y deberes, nos compromete a reconocer derechos aun a quienes, como los isleños, no comparten nuestro punto de vista en lo que se refiere a la casa común en que viven.
El comunicado abre perspectivas excelentes pero políticamente inciertas. La tormenta de reacciones de indignación que ha desatado no tiene nada de asombroso. Es muy fácil criticar por derecha y por izquierda una buena iniciativa en la cuestión Malvinas. No sería extraño que el gobierno se sintiera en la necesidad de dejar todo en agua de borrajas. Esperemos que no.
Vicente Palermo. Politólogo (UBA, Conicet)

El Gobierno defendió la negociación con el Reino Unido

29/09/2016
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Política exterior***Presentación del vicecanciller en Diputados

Malvinas: el Gobierno defendió la negociación con el Reino Unido

Foradori dijo que la Cancillería tiene “la camiseta argentina puesta”. El kirchnerismo criticó a Macri.
natashan@clarin.com
La comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados se convirtió en una suerte de ring de box entre los legisladores de Cambiemos y los de la oposición a la hora en la que el vicecancillerCarlos Foradori explicó el acuerdo que negocia el Gobierno con Gran Bretaña, en particular en lo que hace referencia al conflicto por la soberanía de las Malvinas.
Foradori, que representó en realidad a la canciller Susana Malcorra tras el llamado de los diputados a la ministra por la polémica que generó un comunicado conjunto firmado con el Reino Unido, aseguró que el Gobierno tiene “la camiseta argentina puesta” en esas conversaciones.
Dijo que a la administración nacional la mueve el “interés nacional” de recuperar las islas a la hora de haber abierto un diálogo con Londres sobre pesca, petróleo, vuelos, navegación y turismo en torno a las Malvinas y que esa estrategia no era “una aventura”.
Ayer, lo llamativo en la sesión de la Comisión de Relaciones Exteriores que convocó y presidió Elisa Carrió, fue que la discusión adquirió por momentos el tono de un debate televisivo en el que los legisladores parecían panelistas que se gritaban unos a otros.

La diputada del Frente para la Victoria Araceli Ferreyra y Alejandro Grandinetti, del Frente Renovador, a quien Carrió llamó varias veces al orden, protagonizaron los cruces más fuertes. En la sesión se definió que seguirían planteándole preguntas a Foradori por escrito.
El miércoles próximo, Malcorra fue convocada a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
La fecha coincide con una votación clave en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para designar al próximo secretario general del organismo. Malcorra es candidata, y no estará en el país por esos días. Los diputados de la oposición siguieron criticando ayer esa doble situación de Malcorra, de ministra y postulante a la jefatura de la ONU, aunque por momentos el debate parecían más ideológicos y sentimentales que aspectos concretos de la negociación.
Foradori insistió varias veces con que la negociación no está cerrada y con que lo que se difundió hace 15 días es un comunicado conjunto que si logra plasmarse un acuerdo pasará por el Congreso, donde el FpV prometió resistir. “No es algo nuevo, esto no es un invento, esto tiene que ver con la estrategia (que se aplica) desde hace bastante tiempo, a menos que todo lo que venimos llevando a cabo en todas las administraciones haya estado mal“, insistió Foradori.
El vicecanciller pasó algunos malos momentos. Por empezar, a la sesión de ayer se llegó porque tanto el bloque radical que preside Mario Negri como la propia Carrió hicieron saber que el Gobierno debió haber consultado a sus aliados. Hubo un momento de tensión cuando el diputado del FPV Guillermo Carmona insistió en exigir la presencia de Malcorra.
“Tenemos que lamentar que en los contactos que hasta ahora Mauricio Macri tuvo a nivel internacional en ningún caso hizo referencia a la soberanía argentina sobre las islas usurpadas por elReino Unido”, dijo en parte también haciendo referencia al encuentro del Presidente con Theresa May.
 
Menciones: 
Foradori, que representó en realidad a la canciller Susana Malcorra tras el llamado de los diputados a la ministra por la polémica que generó un comunicado conjunto firmado con el Reino Unido, aseguró que el Gobierno tiene “la camiseta argentina puesta” en esas conversaciones.

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Malvinas: de este modo no introducimos más sensatez

28/09/2016
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DEBATE

Malvinas: de este modo no introducimos más sensatez

Ex Canciller
Sin sensatez, no hay derechas ni izquierdas: sólo populismos y especuladores. El manejo presidencial de la política exterior ha incurrido en errores inadmisibles. En política exterior, el gobierno comete errores y es incomprensible que los cometa inútilmente. Aunque si se bucea un poco en la cuestión, se puede encontrar una suma de causas que explican estos costosos movimientos. En estos días, los errores se concentran en el tema Malvinas, donde se hacen más notorios y ruidosos. En parte se explican por la acefalía de la Cancillería y, en otra parte, por las convicciones del Macri. Conviene recordar que la cuestión no interesa para nada al presidente. El 20 de enero de 1997, Macri declaró: “Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro [?] las islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina”.

Me parece legitimo que alguien piense así. Supongo que su visión se debe a que ignora la naturaleza política de la cuestión, que no llega a comprender el significado que tiene Malvinas entre los argentinos y las consecuencias de esa dimensión política. Pero aún así, puede pensar lo que le parezca, Malvinas no es un credo, es un territorio sobre el que la Argentina reclama soberanía. También es, en esta patria maltrecha y deshilachada, uno de los pocos temas que reúne a los argentinos. Quizás deberían ser otros, pero es el pegamento social que tenemos.

Macri puede pensar lo que quiere, sin embargo –un detalle no menor– los electores no deberían enterarse de esto por sus acciones como presidente, sino que debieron saberlo durante la campaña. Y si consideraba que decirlo producía un alto costo electoral, se callaba y luego gobernaba la cuestión con una prudente hipocresía (no irritaba ni contradecía su convicción). No contradiría su opinión haber usado, por ejemplo, en el texto del reciente acuerdo con el vicecanciller británico el llamado “paragua de soberanía” (tal como lo redactamos con Lucio García del Solar en 1984), que previene que Gran Bretaña pueda aludir en el futuro que el gobierno argentino trató temas bilaterales dejando de lado la cuestión de soberanía.

No hizo nada de esto: no nos lo dijo y ahora incurre en una sucesión de comentarios contradictorios e irritantes para los argentinos y, por cierto, muy costosos para su gobierno. Un modelo político que consiste en irritar a la sociedad, sublevar a la oposición, a cambio de nada, de absolutamente ningún beneficio, no es racional y daña, nos daña como personas. Pido disculpas al lector por la referencia personal, pero sucede que lo que esta pasando me produce la agobiante e instantánea reacción de decir: otra vez! Otra vez no.

No quiero que estos años, la parte final de mi vida, sigan transcurriendo rodeado de insensateces y visiones toscas del mundo y de mi país. Por supuesto quiero, como todos, un país deseable para nuestros hijos y nietos, pero también lo quiero para mí, quiero ver que se sugiere una Argentina distinta. Tenemos derechos a creer que el futuro será distinto. Si esa creencia se desvanece, el apoyo social también se debilita, la legitimidad que otorga la sociedad se esfuma y el poder se pierde. Sin poder, no hay capacidad para transformar, para sugerir una Argentina distinta. Estos errores (lo de Malvinas sólo es uno entre varios otros también serios) parece mostrar otro acto de la misma obra, otro capitulo del agobiante libro del fracaso.

Nada me acerca a Macri, no es mi medio social ni económico. Somos esencialmente de tribus distintas. Sin embargo lo voté. Mencionó mi caso porque supongo que hay no pocos argentinos que están en una situación similar. Sufrimos doce años de desvaríos y destrucción del país. Y a pesar de nuestras distancias, queríamos el éxito de la sensatez sin importar demasiado la ideología o pertenecía política. Sin sensatez, no hay derechas ni izquierdas; sólo populismos y especuladores.

Pero resulta que la apuesta a la sensatez, a la sugerencia de la transformación se aleja y el presidente con parte de su gobierno empieza a mostrar los síntomas de la vieja enfermedad: el disparate crónico producido por el engolosinamiento del poder.
No hay duda que, además, entre el ruido de estas historias hay quienes ganan, quienes pierden, quienes acumulan y quienes terminan siendo más pobres. Pero de eso, parece que no hay tiempo para discutir; nuestros días están plenos de los procesos por corrupción y ahora de las insensateces de la política exterior, la última de las cuales es preocupante. Le dije, y qué te parece si hablamos de Malvinas y ella me contestó, y bueno dale. Presidente, si usted cree que Malvinas no tiene importancia, no irrite a la sociedad.

No hace falta apostar todo el esfuerzo de su política exterior a ese tema, pero llévelo con cuidado y respeto. Empiece por tener Cancillería, lo que ayuda bastante a tener una política exterior y entienda que la política exterior no es solo un método para conseguir inversiones. Recuerde que las inversiones van a donde hay seguridad, previsibilidad, estado de derecho y ?sensatez. Sensatez.

Lo insensato es sinónimo de lo inesperado y eso no le gusta a los inversores. Hoy hay muchos argentinos preocupados (y no son parte de la oposición), no sólo por los temas que han sido tan mal tratados, sino por el síntoma inquietante de un presidente que comete estos errores. Quien resulta ser, obviamente, el presidente que manejará la utilización de los 20.000 millones de dólares de deuda que ha tomado la Argentina. Presidente Macri, no otra vez!.

50 años del Operativo Cóndor

Malvinas: el operativo que frustró un acercamiento con Londres

A 50 años del "Operativo Cóndor"
La acción nacionalista fue vista como heroica pero interrumpió las negociaciones por la soberanía de las islas.


Esa mañana del 28 de setiembre de 1966 (era como hoy también un miércoles), la dictadura encabezada por el general Onganía cumplía tres meses en el poder y parecía tener pleno control de la situación. Visitaba el país el Príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la Reina Isabel, el canciller Nicanor Costa Méndez debía hablar ante la Asamblea de la ONU en Nueva York y prometía avances en las conversaciones con Gran Bretaña sobre Malvinas y el ministro de Economía Néstor Salimei partía a la reunión anual del FMI en busca de respaldo al plan económico oficial. Pero un hecho espectacular alteró las previsiones: los primeros cables noticiosos informaban que “ ... un puñado de jóvenes argentinos, tras una audaz operación de comando cumplida a bordo de un DC-4 de Aerolíneas Argentinas en viaje a Río Gallegos, hicieron desviar la máquina hacia Puerto Stanley, ocuparon la isla, emitieron un comunicado y dieron a conocer una proclama.” Se ponía en marcha el Operativo Cóndor, un episodio inusual y resonante que sacudía al país y tenía inmediatas repercusiones externas.
Eran dieciocho jóvenes de entre 18 y 32 años los que abordaron el vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas que despegó del Aeroparque Jorge Newbery a las 0.34 con destino a Río Gallegos. El líder del grupo era el periodista Dardo Manuel Cabo, alias Lito, de 25 años, hijo del viejo dirigente metalúrgico de la resistencia peronista, Armando Cabo. Como varios de los miembros del grupo comando, había sido parte de la agrupación nacionalista Tacuara. Lo acompañaba su pareja la escritora y periodista María Cristina Verrier, de 27 años, la única mujer del grupo. Los demás integrantes figuraban como empleados, estudiantes y trabajadores metalúrgicos y se identificaban como miembros del Movimiento Nueva Argentina, un grupo fundado en 1961 en homenaje a los civiles y militares fusilados en junio del ’56, que reivindicaba la revolución del 4 de junio del ’43 y la doctrina nacional-justicialista.
50 años del "Operativo Cóndor", el desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas.
50 años del "Operativo Cóndor", el desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas.
Alrededor de las 6 de la mañana, utilizando las armas que habían introducido clandestinamente en el equipaje, los dieciocho “cóndores”, como se hicieron llamar, tomaron el control del vuelo y le ordenaron al comandante Ernesto Fernández García tomar el rumbo 1-0-5, hacia las islas Malvinas. Viajaban en el avión, además, el gobernador de facto de Tierra del Fuego, almirante José María Guzmán, quien trató de resistirse, y el periodista Héctor Ricardo García, propietario del diario Crónica y Radio Colonia, invitado por los jefes de la operación para cubrir el hecho.
Luego del aterrizaje, el grupo de jóvenes descendió de la aeronave empuñando sus armas, al grito de “las Malvinas son argentinas, ¡Viva la patria!”. Habían llevado siete banderas argentinas; cinco fueron colgadas en los enrejados que rodeaban la pista de carreras, una en el avión y otra en un mástil cercano. Ese mismo día, Costa Méndez debía presentar el reclamo argentino por Malvinas ante la ONU en Nueva York. Informado de los acontecimientos desde Buenos Aires, se ve obligado a añadir un párrafo en su discurso condenando la acción y pidiendo comprensión internacional.
Se venía de una batalla diplomática exitosa con la aprobación de la Resolución 2065, que había reconocido la existencia de una disputa por la soberanía de las Malvinas. Durante la gestión del gobierno de Arturo Illia se habían iniciado negociaciones directas con el gobierno laborista británico. Todo parecía indicar que podía abrirse un camino para avanzar hacia un acuerdo. Instalado Onganía en el sillón presidencial en junio del ‘66, Costa Méndez debía llevar adelante las negociaciones y preparar su primera presentación ante la Asamblea General.
En 48 horas, todo había terminado y los integrantes del grupo fueron detenidos y trasladados a Río Gallegos. Pero el objetivo se había cumplido. En Londres, las conversaciones anglo-argentinas previstas fueron postergadas y el gobierno británico expresó su más enérgica protesta. El diario Pravda de Moscú opinó que detrás de la operación se percibía la “garra del contraespionaje de Estados Unidos y la Central Intelligence Agency (CIA)”. El cometido, afirmaba el órgano oficial soviético, era impedir una mejora en las relaciones anglo-argentinas. La CIA, especulaba Pravda, habría fabricado la intriga, de manera que los nacionalistas argentinos ocupasen las islas a la llegada del príncipe de Edimburgo a Buenos Aires. Para esta operación, concluía el diario moscovita, “la CIA puso en marcha en la Argentina la organización fascista denominada Tacuara”. Las conexiones entre la cúpula de la UOM y el operativo también eran visibles. Según se cuenta, Cabo y Verrier habían retirado la noche anterior del sindicato metalúrgico un gran valijón donde llevaban alrededor de 25 pistolas y explosivos. Una versión indicaba que los pasajes, cuyo monto era de 360.000 pesos, fueron pagados por el dirigente portuario Eustaquio Tolosa. Otras fuentes señalarán como mentores intelectuales de la operación al general Osiris Villegas, referente del ala nacionalista de la dictadura, y el líder metalúrgico Augusto “el Lobo” Vandor; una convergencia de intereses entre sectores de las Fuerzas Armadas, organismos de inteligencia y grupos políticos que jugaban sus respectivas partidas en la interna del peronismo.
50 años del "Operativo Cóndor", el desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas.
50 años del "Operativo Cóndor", el desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas.
Lo cierto es que aquella “patriada” terminará trágicamente para la mayoría de ellos, entre la lucha armada, unos desde la izquierda otros desde la derecha peronista y la feroz represión que desatará la misma dictadura que volverá a Malvinas 16 años después, con el mismo canciller de aquel entonces. El Operativo Cóndor, recordado por muchos como un acto de afirmación patriótica, fue un anticipo también de las señales contradictorias, disputas intestinas, hechos de violencia y tramas ocultas del poder que se proyectarán a la política exterior provocando daños auto-infligidos a nuestro país.

martes, 27 de septiembre de 2016

Diálogo serio

27/09/2016
30
Cartas al país

Malvinas, la hora de tener un diálogo serio

Más allá del cortocircuito reciente en la ONU, la canciller Malcorra insta a dialogar con Londres sobre Malvinas en vuelos y petróleo. Esta reinstalación del tema, que ya hace 51 años la Resolución 2.065 de las Naciones Unidas encuadraba como un caso de colonialismo e invitaba a la Argentina y al Reino Unido a dar “una solución pacífica al problema”, debiera suponer beneficios para ambas partes, no una nueva cesión de derechos, que nuestro país viene realizando desde los llamados Acuerdos de Madrid a través de la aplicación de la “fórmula del paraguas”.
A partir del Brexit, la Argentina puede iniciar un camino más fructífero hacia una pacífica y consensuada recuperación territorial.
La cuestión no pasa por reiterar la cesión de soberanía o de los recursos naturales del Atlántico argentino; tampoco desalentar aspectos relativos a las comunicaciones, transporte, educación o sanidad; sino desandar el citado Acuerdo de Madrid y dialogar sobre fórmulas creativas que están disponibles, sin que debamos caer nuevamente en la enajenación de nuestro territorio marítimo e insular.
César Lerena
cesarlerena@gmail.com

sábado, 24 de septiembre de 2016

Malvinas: ¿somos capaces de una vida en común?

Malvinas: ¿somos capaces de una vida en común?

La columna de Lanata

Imaginamos unas Malvinas que no existen: pequeñas y vacías. Las islas tienen 12.173 km cuadrados (son, por ejemplo, la mitad de Tucumán) y albergan a unas cinco mil personas (2.931 civiles y dos mil militares). Nadie piensa ni discute, nunca, que haríamos con esas personas si mañana, por azar, nos devolvieran Malvinas: ¿fusilarlos? ¿Darles planes? ¿Detenerlos?
Uno de mis recuerdos mas fuertes de las islas -donde estuve hace unos años filmando un documental-fue descubrir, en la escollera de Stanley, el monumento que recuerda “la invasión”; quiero decir: un monumento en el que nosotros éramos los invasores. “In memory of those who liberated us” (En memoria de aquellos que nos liberaron. 14 June 1982”, se inscribe en la piedra).
Esta semana las islas volvieron a saltar a nuestra imaginación después de un paso en falso del presidente que se reveló como un novato: nadie puede convertir en oficial un comentario elegante de pasillo. Para colmo, todo terminó peor: la canciller Malcorra terminó enmendándole la plana como si Macri fuera un cadete de la Cancillería.
¿Habrá aprendido el gobierno que si un presidente dice una pavada debe ser el mismo quien se desdiga? Así las cosas, las islas imaginarias y las reales, el fanatismo y su neblina volvieron a las páginas de los diarios. Una nación no es sólo un sentimiento compartido sino, también, el reconocimiento de sus habitantes en derechos y deberes comunes: lazos reales que los impulsen a mantener la convivencia. Nada de eso existe hoy con quienes habitan las islas.
Un país con un alto grado de descomposición social, con un tercio de pobres, la mitad de los chicos que no termina el secundario y serios problemas de corrupción y de administración de justicia quiere, por obra de magia y sin pasos previos, discutir una unión de por vida con unos miles de campesinos ingleses.
No parece posible a menos que vuelva a intentarse la guerra: en este momento una batalla con Uruguay nos dejaría sin la mitad del territorio.
Argentina le debe a la derrota de Malvinas gran parte del derrumbe de la dictadura pero, a la vez, un retroceso cualitativo inmenso en la relación con las islas.
En la década del setenta actividades conjuntas que hoy discuten Malcorra y Duncan eran moneda corriente: en 1971, a partir de la llamada “Declaración de Buenos Aires”, se estableció entre Argentina e Inglaterra sobre Malvinas un servicio aéreo regular, comunicaciones navales, postales y telegráficas, facilidades turísticas, asistencia hospitalaria para los isleños, envió de maestras argentinas a Puerto Stanley, becas de estudio a los malvinenses, instalación de una oficina de LADE (Líneas Aéreas del Estado) en la capital de las islas, etc.
El primer vuelo regular de LADE con aviones Albatros fue el 12 de enero de 1972, con tres horas de duración desde el continente. Durante una década 1972-1982 LADE cubrió servicios aéreos entre Comodoro Rivadavia y Puerto Argentino: 1515 vuelos que transportaron 212.597 pasajeros, 465.763 kilos de carga en 3.553 horas de vuelo.
En el mismo año, 1972, el barco Bahía Buen Suceso hizo varios viajes, en ellos Argentina envió dos maestras para enseñarle castellano a los isleños, cuadrillas de técnicos de YPF para instalar tuberías y equipamiento para gas envasado, un barco de YPF viajó periódicamente llevando gas para consumo hogareño. En “Malvinas, el mito destruido” el Dr. Mario Calvi recuerda que en 1970 se entregó el primer DNI a un isleño -hecho que da por tierra afirmaciones de Cristina sobre el punto - Juan Alejandro Reid, hijo de un santacruceño que se casó con la isleña Pamela Margarita Mc Leed. En aquel periodo 22 niños cruzaron al continente para estudiar en los colegios Santa Gilda, San Jorge de Quilmes, Northlands y Barker College de Lomas de Zamora.
La vida conjunta es más lenta pero, también más verdadera. Los “negocios” conjuntos -me refiero a los joint ventures mencionados por Malcorra- enrarecerían la vida y nos pondrían en cinco minutos frente a la discusión eterna de la soberanía, que hasta ahora ha hecho la vida imposible. A la hora de repartir propiedad o ganancias es lógico que cada uno fundamente la validez de su parte en derechos de posesión. Siendo como somos parte de un mismo país, ¿seremos capaces de construir una vida en común?

viernes, 23 de septiembre de 2016

Los isleños

Malvinas: los isleños aseguran que Londres no debatirá sobre la soberanía con la Argentina

El gobierno de las islas descartó que en el reciente acuerdo entre el Gobierno y Gran Bretaña se vaya a discutir la soberanía del archipiélago
LA NACION
Viernes 23 de septiembre de 2016 • 11:34
Malvinas referéndum
Malvinas referéndum. Foto: Archivo
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Las autoridades de las Malvinas descartaron de plano la posibilidad de que el nuevo acercamiento de la Argentina con el Reino Unido contemple la posibilidad de discutir en el futuro la soberanía del archipiélago.
Los isleños abonaron el rechazo de Gran Bretaña de hablar del tema soberanía más allá del comunicado conjunto que sellaron Londres y Buenos Aires para restablecer las relaciones bilaterales.
"El gobierno del Reino Unido ha dejado perfectamente claro que no habrá ningún debate sobre la soberanía en las islas Falklands [Malvinas]. Esta es una posición fuerte y constante que está de acuerdo con la carta de la ONU sobre la autodeterminación", expresó hoy a LA NACION el máximo referente de la legislatura de las Malvinas Mike Summers.
A la vez, el legislador isleño destacó que "la gente de las Falklands [Malvinas] está contenta con el arreglo y la posición que tomó el Reino Unido con la Argentina, pero no desea cambiar el actual status". Es decir, que Summers desterró de plano la posibilidad de que en el futuro inmediato el comunicado conjunto y los acuerdos por la pesca y la explotación de hidrocarburos conjunto con la Argentina den lugar a un debate sobre la soberanía argentina de las islas.
Summers instó también por la necesidad de que un acuerdo con la Argentina por el restablecimiento de los vuelos al continente y las operaciones conjuntas de pesca e hidrocarburos estará "claramente sujeta al levantamiento de las sanciones económicas que pesan sobre empresas multinacionales" que operan en el Atlántico Sur.
Las expresiones de las autoridades isleñas de desterrar de plano el debate por la soberanía se dan apenas un día después de que el vicecanciller británico de Asuntos Exteriores, Alan Duncan, se reunió con un grupo de políticos de Malvinas.
En ese encuentro estaban Jan Cheek, miembro de la Asamblea Legislativa de las islas y Sukey Cameron, representante de las Islas Malvinas ante Gran Bretaña.
La reunión fue en Londres y, según pudo saber LA NACION, Duncan ratificó a los kelpers de que Mauricio Macri y la primera ministra Theresa May nunca hablaron de la posibilidad de negociar la soberanía de las Malvinas, tal como dijeron fuentes del Foreign Office.
Duncan emitió un tuit luego de ese encuentro en el que destacó: "Encantado de recibir a la miembro de la Asamblea Legislativa Jan Cheek y a la representante del gobierno de Falklands [Malvinas], Sukey Cameron, en el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Commonwealth para discutir de todo".

Medio Siglo

Malvinas: medio siglo de andar y desandar los caminos

La columna
Habrá que convencer a Londres de que los tiempos han cambiado. Pero primero deberemos convencernos nosotros.

Siempre hay “novedades” que no lo son tanto en el conflicto por la soberanía en Malvinas con Gran Bretaña. No funciona por el lado de la retaliación, se prueba por el lado de la seducción. Es un dilema que acompaña la dinámica del conflicto, al menos en el último medio siglo, luego del mayor logro diplomático argentino, la Resolución 2065 aprobada en Naciones Unidas durante el gobierno de Arturo Illia. El documento firmado la semana pasada en Buenos Aires con Londres parece inscribirse en esa dinámica pendular, al cabo de una retórica intransigente y un bloqueo de los vínculos con la población kelper que no dio mejores resultados.
Precisamente en estos días se cumplen 50 años de un episodio recordado con visos de leyenda patriótica: el Operativo Cóndor, el secuestro y desvío de un avión de Aerolíneas, protagonizado por un grupo de jóvenes nacionalistas, que aterrizaron en Malvinas con el propósito de izar allí banderas argentinas. Ese mismo día, el 28 de septiembre del ’66, el canciller Nicanor Costa Méndez, designado por la dictadura que había derrocado a Illia, debía exponer en la Asamblea de la ONU en Nueva York y referirse a las conversaciones con Gran Bretaña, mientras el príncipe Felipe de Edimburgo estaba en Buenos Aires como huésped del general Onganía.
Aunque los muchachos “cóndores” se dieron el gusto y pasaron por héroes, el episodio terminó mal para nuestro país, que 16 años más tarde repetía la escena con el mismo canciller y bajo otra dictadura. Aquella descabellada idea de septiembre del ’66 iría en serio en abril del ‘82: la Junta Militar anunciaba el desembarco en las islas y su restitución a la soberanía argentina. El rechazo del recurso al uso de la fuerza caía rendido ante un hecho consumado que buscaba lograr un alto rédito interno con bajo costo externo. Como sabemos, no sería así. Los daños internos y externos serían desmesurados comparados con aquella momentánea demostración de fuerza que terminaría en guerra y derrota. Hoy, como entonces, las conexiones aéreas entre el territorio insular y el continente vuelven a tener un papel relevante. Habrá que ver si servirán además para convencer a Londres de que los tiempos definitivamente han cambiado. Dependerá de ellos, pero primero de nosotros llegar a ese convencimiento.

jueves, 22 de septiembre de 2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Gobierno cuestionó una ley que impone


Eligiendo con cuidado cada palabra, Federico Pinedo, presidente provisional del Senado y miembro de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, cuestionó ayer abiertamente la ley 26.659, que impone sanciones a los que realicen actividades hidrocarburíferas en Malvinas sin autorización de la Argentina. "Es una ley muy mala para el interés nacional", dijo el senador macrista. Y enseguida completó: "El Gobierno está analizando el impacto de la ley".
En los últimos días sectores de la oposición venían advirtiendo la preocupación de que detrás del comunicado conjunto firmado por la ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, y el vicecanciller británico, Alan Duncan, estuviera la intención de derogar la ley 26.659.
Pero Pinedo recalcó ayer que lo que ocurra con la ley "es un tema" del Congreso y que cualquier decisión se tomará de manera "consensuada" con la oposición.
El senador criticó sin piedad a la ley, que es de autoría del senador Fernando Pino Solanas y fue sancionada en 2011. "Yo voté en contra de esta ley y dije que iba a perjudicar el interés de la Argentina en Malvinas porque genera conflictos con empresas de terceros países", dijo ayer el senador a Clarín y a otros medios de prensa acreditados en la Cámara Alta.
Pinedo detalló, además, que la ley generó un conflicto con Holanda y que ante una sanción aplicada por el Estado argentino la empresa de ese país se defendió con el argumento de que "las Malvinas son inglesas".
Sentado en la cabecera del coqueto salón gris del Senado, Pinedo recordó que le trasmitió a funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores -mencionó específicamente al vicecanciller Carlos Foradori- su preocupación por la ley vigente.
En ese salón, minutos antes, el senador había mantenido una reunión con parlamentarios y diplomáticos de Canadá. Pinedo detalló que le había solicitado al embajador Robert Fry que su país acompañe a la Argentina en los reclamos en la ONU y la OEA para discutir la soberanía de Malvinas con Gran Bretaña.
"Ellos venían apoyando a la Argentina a discutir la soberanía y el año pasado cambiaron de posición. Así que estamos pidiendo que cambien su voto nuevamente", contó Pinedo, quien además confió que en los próximos meses el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, vendrá de visita a la Argentina.
El senador también le quitó mayor entidad a la declaración firmada por Malcorra y el vicecanciller británico. "No hubo un acuerdo sino un comunicado que es una declaración de interés común. Se le da al comunicado una entidad que no tiene", subrayó.
Ayer, por otro lado, el senador del FpV Juan Manuel Abal Medina presentó un proyecto de ley para crear una comisión bicameral que se ocupe del seguimiento de la cuestión Malvinas. La iniciativa fue acompañada por los senadores Miguel Pichetto y Rodolfo Urtubey.

Un discurso desencantado que no desencajó


Un discurso desencantado que no desencajó

Clarín – Clarin.com Política Análisis Para quienes esperaban emociones como las que despertaban los discursos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las Naciones Unidas, como las que generan el cine y las novelas, la primera aparición de Mauricio Macri sobre el gran tabló de la Asamblea General puede desencantar pero no desencajar. Básicamente porque sigue la línea de esa intencionalidad política del gobierno de Cambiemos de que la “normalidad” guíe la política exterior argentina sin desafíos o vilipendios. Por cierto, el año pasado, en su último discurso ante la Asamblea de la ONU, Cristina olvidó mencionar la causa Malvinas. Estaba en cambio tan molesta con su par Barack Obama sobre otras cuestiones, que menciono la palabra Estados Unidos literalmente doce veces en un discurso que duró casi dos veces más que el de Macri. La referencia a la cuestión Malvinas que tuvo ayer el Presidente en la ONU forma parte de este formato del ingeniero, aunque valen la pena algunas acotaciones. No es la primera vez que ratifica el reclamo de soberanía sobre el archipiélago como algo “no negociable”. Tampoco es nuevo que su enfoque sobre la cuestión Malvinas busca desandar estos doce años de kirchnerismo. El problema es cómo será y qué conseguirá. La letra del comunicado conjunto entre Argentina Gran Bretaña tras la visita del viceministro Alan Duncan aborda cuestiones tan sensibles a la soberanía como vuelos, pesca, petróleo, navegación y turismo (tierra, habitantes, recursos naturales). Este inflamó los ánimos de opositores y propios al punto que hasta los mismos aliados debieron moderar la ira habitual de la diputada de la Coalición Cívica Elisa Carrió hacia Susana Malcorra, donde ya parece que se trata de algo personal de Lilita contra la Ministra. Al Gobierno de Macri le viene a ocurrir ahora lo mismo que con otros temas de alta sensibilidad. Tiene que volver sobre sí para explicarlo. Y deberá mostrar que lo que se consiga no será poco. Su ventaja igual no es poca. Argentina ya exploró la diplomacia abierta, cerrada, la guerra. La mayoría de los críticos de este acuerdo ignora que, generando la sensación de que batallaban duramente por la soberanía, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner armaron un verdadero descalabro de resoluciones, pronunciamientos, decretos y leyes, que datan de 2003. Después de ver que tratar de “Okupas” a los isleños no servía, se creó la “amistosa” Secretaría de Malvinas en la Cancillería, para la cual su titular Daniel Filmus y la embajadora Alicia Castro hicieron un curso acelerado sobre historia del conflicto. En algún sentido, pese al innegable apoyo regional del llamado al diálogo de soberanía, la dura y altanera diplomacia británica volvíó a triunfar.
Un discurso desencantado que no desencajó

Macri dice que Gran Bretaña acepta retomar el diálogo sobre Malvinas

21/09/2016
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Argentina y el mundo/El viaje presidencial a la ONU

Contó que recibió una respuesta afirmativa de Theresa May, la premier británica, luego de plantearle que “habría que empezar a hablar” del tema. Para Malcorra, no debe interpretarse como una referencia a la soberanía
El Presidente Mauricio Macri reveló ayer que la primera ministra británica Theresa May le dijo que está “de acuerdo” en comenzar un diálogo bilateral sobre las Islas Malvinas. “Le dije que estoy listo para comenzar un diálogo abierto que incluya, por supuesto, el tema de la soberanía sobre las Islas”, dijo Macri, y completó: “Me dijo que bueno, que sí, que habría que empezar a conversar”. “Son cosas que llevarán años, pero lo importante es que comencemos, y ella estuvo de acuerdo”, sostuvo el Presidente al relatar ante los periodistas que cubren su viaje a Nueva York el diálogo informal que mantuvo con May.

La primera ministra abordó al Presidente en un almuerzo de Jefes de Estado que compartieron en el edificio de las Naciones Unidas, convocados por el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon. Allí, según Macri, May lo saludó y conversaron “de mesa a mesa”. El diálogo fue breve, pero por lo visto les alcanzó el tiempo para ir directamente al plato fuerte. Anoche, luego de que clarín. com informó sobre el encuentro, el Gobierno salió a bajar el tono de la novedad que un rato antes había anunciado el propio Presidente.

La canciller Susana Malcorra, que no estuvo presente en el momento en que Macri y May se cruzaron, dijo que “efectivamente el gobierno británico está abierto a un diálogo de múltiples temas”. “Han tenido un encuentro positivo, el Presidente ha insistido en que el reclamo de soberanía tiene que discutirse y la primera ministra ha dicho que efectivamente está dispuesta a dialogar, pero ella no ha reconocido que el tema de la soberanía pueda discutirse”, le dijo la canciller a Clarín en un diálogo telefónico para bajar la expectativa que había generado la revelación del Presidente.

La repercusión del contenido del diálogo sorprendió a todos los funcionarios de la delegación, que desconocían de qué habían hablado los responsables últimos de la conflictiva relación bilateral. Un ministro confesó a Clarín que le preocupaba que la difusión de esas palabras pudieran perjudicar el proceso de diálogo con Londres abierto hace nueve meses. Hasta anoche, el Foreign Office -la cancillería británica-, no había salido a mostrar una posición oficial sobre la conversación.

No fue la única referencia al conflicto que hizo ayer Macri. En el estrado de la Asamblea General, Macri había dicho: “Confiamos en que será posible activar un mecanismo para solucionar definitivamente ese diferendo” y mencionó que su intención es activar un modo para resolver “amigablemente” la disputa.

Macri y May habían tenido hace diez días un encuentro similar en la Cumbre del G-20 en China, y Londres y Buenos Aires firmaron el miércoles pasado un comunicado conjunto en el que anunciaron la intención de conversar sobre los vuelos entre el continente y las islas y los tratados de pesca y explotación petrolera, sin que eso implique resignar las posiciones de las dos partes sobre la soberanía de Malvinas.

“Reitero nuestro llamado al diálogo con el Reino Unido, como mandan tantas resoluciones de esta organización para solucionar amigablemente la disputa de soberanía, que tenemos –hace casi dos siglos– por las Islas Malvinas”, dijo el Presidente, en un discurso que parecía estudiado. “Hemos dado muestras de interés en avanzar en nuestra relación bilateral, que puede y debe ser mutuamente beneficiosa.

Por eso confiamos, también, en que será posible activar una solución definitiva a este prolongado diferendo”, completó, en el discurso que dio en el enorme salón de la Asamblea General.
Menciones: 
La canciller Susana Malcorra, que no estuvo presente en el momento en que Macri y May se cruzaron, dijo que “efectivamente el gobierno británico está abierto a un diálogo de múltiples temas”. “Han tenido un encuentro positivo, el Presidente ha insistido en que el reclamo de soberanía tiene que discutirse y la primera ministra ha dicho que efectivamente está dispuesta a dialogar, pero ella no ha reconocido que el tema de la soberanía pueda discutirse”, le dijo la canciller a Clarín en un diálogo telefónico para bajar la expectativa que había generado la revelación del Presidente.

Macri y su idea de soberanía

EL PAIS › LOS DICHOS SOBRE MALVINAS EN 1997

Mhttp://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-269692-2015-04-04.htmlacri y su idea de soberanía

Desde la UCR y el FR recordaron que para el jefe del PRO recuperar las islas implicaría “un fuerte déficit” para el país.

Las afirmaciones sobre la soberanía de las islas Malvinas que había hecho en 1997 el líder del PRO y precandidato a presidente, Mauricio Macri, generaron críticas y chicanas de distintas fuerzas de la oposición. El senador radical Eugenio “Nito” Artaza recordó las declaraciones hechas a Página/12 por el entonces presidente de Boca, en las que consideró que recuperar las Malvinas significaría “un fuerte déficit adicional para la Argentina”. “Algunos no entienden la soberanía, el valor de los recursos, posición geográfica, la Antártida. Nuestros héroes, sí”, aseguró Artaza a través de Twitter, donde publicó fotos de un acto junto a veteranos de guerra correntinos. Por su parte, el precandidato a jefe de Gobierno del Frente Renovador, Guillermo Nielsen, le envió una carta pública a Macri en la que remarcó, con cierta ironía, su “cambio radical” sobre el tema, ya que al cumplirse anteayer 33 años de la guerra publicó un texto en el que recordó a los combatientes y afirmó que las islas, “de manera inexorable y en paz, serán nuestras”.
En el extenso reportaje realizado por este diario el líder del PRO había dejado varias definiciones. Le dedicó algunos elogios al entonces presidente Carlos Menem aunque no apoyó su re-reelección, criticó a Eduardo Duhalde por no haber privatizado empresas públicas bonaerenses, consideró que “los gays son desviados” y también se refirió al tema Malvinas: “La verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho. Nosotros no tenemos un problema como los israelíes, que tienen problema de espacio. Acá lo nuestro es casi un amor propio. Es más, creo que las islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”, dijo Macri, de vacaciones en Punta del Este.
Además de las críticas de Artaza, Nielsen advirtió sobre la “lógica administrativa” con la que se expresaba sobre las islas y lo comparó con su gestión en la Ciudad. “Del mismo modo que no es pertinente la reflexión sobre si es deficitario o no tener las islas, tampoco es pertinente considerar si es deficitario o no tener un plan de vivienda en la Ciudad, algo tan necesario para tantos porteños que, lamentablemente, tu gobierno no ha contemplado”, aseguró el candidato de Sergio Massa.

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Macri, Malvinas y la Antártida

Macri, Malvinas y la Antártida

Mauricio Macri continúa con su road show internacional. Pretende mostrar una “Argentina diferente”, tal como el Presidente describió al país ante inversores, en Nueva York. En el mundo han tomado nota del cambio pero esto no significa ninguna lluvia de dólares, como presagiaba el oficialismo, con mucho de amateurismo en estas lides, cuando comenzaba la administración. Como se dice en algún ministerio, todos estos gestos son más para los de adentro que los de afuera, que ya tomaron nota de que la conducta oficial ha cambiado desde diciembre de 2015. Los de adentro, más duchos en los problemas argentinos, tienen más recelos y sospechas fundadas.
La tentación de comparar la primera aparición de Macri en la asamblea de la ONU y el último road show de Cristina existe pero solo para verificar que el discurso de hoy, tan simple pero no inocuo, es muy diferente al de la anterior presidenta, cargado de ideología, también.
Macri creyó conveniente decir algo que sería obvio pero que necesitó remarcar luego de las críticas que se levantaron, inclusive entre sus aliados, por el acuerdo con Gran Bretaña. Entonces, el Presidente, que ya había dicho que la soberanía sobre las islas Malvinas es irrenunciable, volvió a llamar al diálogo a Londres para solucionar “amigablemente” la disputa de soberanía sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los “espacios marítimos circundantes”.
La diplomacia argentina está convencida que la mejora de las relaciones con Gran Bretaña puede traer en el tiempo que los británicos se avengan a discutir la soberanía en el archipiélago, y el espacio marítimo. Londres ratifica que todo les pertenece pensando, también, en sus derechos sobre la Antártida, que se superpone con el espacio que reivindica Argentina.
La diplomacia británica no tiene un pelo de ingenua y sabe que la posición argentina sobre Malvinas implicará concesiones que, es evidente, beneficiarán a los isleños, aunque el acercamiento forme parte de una estrategia de creación de confianza.
El “paraguas de soberanía” existe desde 1989, cuando Argentina y Gran Bretaña lo establecieron en Madrid, cuando se acordó para volver a tener relaciones tras la guerra.
La dureza kirchnerista no mejoró el reclamo argentino. Tenía, como todo, un objetivo doméstico. Macri, también, habló de soberanía por las críticas internas.
La negociación que ahora vendrá busca mejorar los vínculos bilaterales con Londres y hay gestos, además, hacia los isleños, que son ciudadanos británicos.
¿Por qué, entonces, tratarlos como si fueran un tercero en discordia?

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